Medusa 2026: cuatro días de electrónica, récord de público y una pista que no dejó de rugir
Hay festivales que se miden por su cartel y otros por lo que ocurre cuando miles de personas coinciden frente a un escenario. En Medusa, durante cuatro días, ocurrió lo segundo. La 12ª edición del festival valenciano volvió a convertir Cullera en uno de los grandes puntos de encuentro de la electrónica y cerró con 185.000 asistentes, dejando además un nuevo récord histórico de público en una sola noche.

Pero más allá de las cifras, Medusa 2026 dejó una sucesión de noches muy diferentes entre sí, con el techno, el hard techno, el hardcore, el house y el EDM compartiendo protagonismo en un recinto donde siempre había algún escenario reclamando atención.
Nico Moreno y una primera noche que empezó fuerte
La primera de las grandes noches reunió a 52.000 personas y dejó claro desde el principio que esta edición iba a apostar fuerte por los sonidos más contundentes.
Nico Moreno fue uno de los grandes protagonistas, con uno de esos sets que convierten un escenario en una auténtica descarga de energía. A su lado, Fátima Hajji, Wade, Vendex y Dimitri Vegas completaron una jornada en la que resultaba difícil mantenerse al margen de alguno de los grandes momentos que sucedían simultáneamente.
Y si había un escenario que tenía una misión clara esa noche, ese era Resonance. Allí, Fantasm se encargó de poner el broche final con un cierre especialmente celebrado, llevando la pista hasta el límite y dejando uno de los momentos más destacados para los amantes de los sonidos más oscuros y contundentes.

Con nueve escenarios activos, la primera noche de Medusa fue también una cuestión de elecciones: perderse un set para llegar a otro, cruzar el recinto mientras cambiaba completamente el sonido o quedarse hasta el final porque lo que estaba ocurriendo en pista hacía imposible marcharse.
Steve Aoki lidera la noche récord
Si la primera noche ya había dejado el listón alto, la segunda directamente lo rompió.
56.000 personas pasaron por el festival, convirtiendo la jornada en la noche con mayor asistencia de toda la historia de Medusa. Y el ambiente estuvo a la altura de la cifra.
Steve Aoki fue uno de los grandes nombres de la noche, acompañado por James Hype, Adrián Mills y 4444 Of A Kind, en una jornada en la que el público respondió especialmente bien a los grandes momentos de la programación.
La diferencia entre estilos volvió a ser una de las grandes virtudes del festival. Mientras algunos escenarios apostaban por una electrónica más accesible y festiva, otros mantenían la intensidad durante horas. El resultado fue un recinto en constante movimiento, con miles de personas cambiando de escenario continuamente en busca de su siguiente momento de la noche.
El tercer día: cuando la intensidad no bajó
Llegar al tercer día de un festival de estas dimensiones suele significar empezar a notar el cansancio. En Medusa ocurrió justo lo contrario.
La programación volvió a mantener varios focos de atención durante toda la jornada y nombres como Winson, Onlynumbers, Angerfist y Sara Landry se encargaron de mantener la intensidad.
Sara Landry volvió a demostrar por qué se ha convertido en uno de los nombres más importantes de la nueva generación del techno, mientras que Angerfist llevó el sonido hasta terrenos mucho más extremos, conectando directamente con el público más fiel al hardcore.
Por su parte, Winson y Onlynumbers aportaron otras dos propuestas destacadas dentro de una jornada en la que los sonidos contundentes volvieron a tener una presencia protagonista.
Y ese es precisamente uno de los puntos que define al Medusa actual: no existe una única manera de vivir el festival. En un mismo momento puedes estar frente a un escenario cantando uno de los grandes himnos de la electrónica comercial y, a pocos minutos de distancia, encontrarte con una pista completamente entregada al techno más agresivo.
APSARAS: un escenario que también quiso contar una historia
Entre tanta música, había un elemento que inevitablemente terminaba captando todas las miradas: APSARAS.

El escenario principal de esta edición se inspiró en la arquitectura y el imaginario del Sudeste Asiático, tomando como referencia Angkor Wat. Más que una simple escenografía, la estructura se convirtió en uno de los elementos visuales que definieron esta edición.
Sus dimensiones —105 metros de ancho y 27 de alto—hicieron que resultara prácticamente imposible no encontrárselo durante cualquiera de los recorridos por el recinto. De noche, la combinación de iluminación, efectos, pirotecnia y producción audiovisual terminó de transformar la estructura.
Medusa lleva años entendiendo que un festival de electrónica no se construye únicamente alrededor de un cartel. En esta edición volvió a quedar claro.
El festival también tuvo que enfrentarse al clima
No todo fue música. Las altas temperaturas y una fuerte tormenta durante el sábado obligaron a modificar parte de la operativa del festival, retrasando la apertura de puertas y activando medidas especiales de seguridad.
La organización reforzó los puntos de hidratación y desplegó un amplio dispositivo de seguridad y asistencia sanitaria durante las 24 horas. A pesar de las dificultades meteorológicas, el festival pudo continuar con su programación.
185.000 personas después
Cuatro días después, la cifra resume por sí sola la dimensión alcanzada por esta edición: 185.000 asistentes.
Pero quizá el dato más interesante no sea únicamente el récord, sino la variedad de públicos que consiguió reunir Medusa. Desde quienes acudieron por los grandes nombres internacionales hasta quienes quisieron descubrir.
52.000 personas en la primera gran noche, 56.000 en la segunda y miles más resistiendo hasta el tercer y cuarto día. Una sucesión de cifras que explica el tamaño del festival, pero que no termina de explicar lo que ocurrió dentro.
Y cuando un festival consigue que todavía tengas algo que descubrir después de tres días, probablemente significa que algo está haciendo bien.
Medusa ya piensa en 2027. Y el listón, después de esta edición, queda bastante alto.

