Aquasella 2026

Aquasella 2026

Hay ediciones de un festival que simplemente funcionan. No necesariamente porque sean las más grandes, ni porque tengan el cartel más espectacular de su historia, sino porque, durante varios días, parece que todas las piezas encajan en el momento exacto. Aquasella 2026 ha sido una de esas ediciones.

Después de varias visitas al festival asturiano, este año la sensación al abandonar Arriondas era prácticamente unánime: había sido uno de los mejores Aquasella que recordamos. Y no solo entre nosotros. Todos los amigos que nos acompañaron coincidían en una misma conclusión: había sido el mejor festival en el que habían estado.

Puede parecer una afirmación difícil de hacer después de tantos festivales, pero lo cierto es que Aquasella este año consiguió algo complicado de explicar con una sola palabra. La edición se sintió especial. Quizás fue la combinación de un tiempo que acompañó durante prácticamente toda la experiencia, un ambiente excepcional y, sobre todo, una curación musical que convirtió cada jornada en un constante descubrimiento.

Si hay algo que define a Aquasella es su capacidad para construir una programación que va mucho más allá de los grandes nombres. Y en 2026 volvió a quedar demostrado.

Hubo actuaciones capaces de convertirse en auténticos momentos de festival. Rødhåd b2b Philippa Pacho ofrecieron una de esas sesiones que mantienen al público completamente conectado con la pista, mientras que Robert Hood volvió a demostrar por qué sigue siendo una figura imprescindible para entender la evolución del techno.

También hubo espacio para propuestas como Aerea, Kobosil y un sinfín de actuaciones que fueron construyendo, poco a poco, la identidad sonora de esta edición. Diferentes estilos, diferentes intensidades y diferentes formas de entender la electrónica, pero todos ellos perfectamente integrados dentro de la experiencia Aquasella.

Aerea en Aquasella
Aerea en Aquasella

Y entonces llegó el cierre.

Cerrar un festival nunca es sencillo. Después de horas y horas de música, baile y cansancio acumulado, conseguir que el público mantenga la energía necesaria para afrontar las últimas horas es un reto.

Héctor Oaks se encargó de poner el punto final a Aquasella 2026, y lo hizo como debía hacerlo: con intensidad, actitud y una pista entregada hasta el último minuto.

Fue uno de esos cierres que hacen que, aunque estés agotado, no quieras que la música termine. Porque en ese momento sabes que lo que viene después es la vuelta a la realidad.

Y nadie tenía demasiadas ganas de volver todavía.

Más allá de los artistas, hay algo que resulta imposible no destacar: el ambiente que se respiró durante el festival.

Aquasella tiene un entorno privilegiado y eso forma parte indiscutible de su identidad, pero este año la sensación fue especialmente buena. El público, la convivencia y la energía que se generaba frente a los escenarios hicieron que muchas de las sesiones se vivieran de una manera todavía más especial.

Era fácil dejarse llevar.

Quizás por eso, al terminar, la sensación general no era únicamente la de haber visto grandes artistas, sino la de haber formado parte de algo. Una experiencia compartida que iba mucho más allá de los nombres que aparecían en el cartel.

Aquasella 2026
Aquasella 2026

Si tenemos que buscar un punto de nostalgia, ese sería inevitablemente la ausencia de los míticos afters en el río.

Para quienes hemos vivido Aquasella en otras ediciones, esos momentos forman parte de la memoria del festival. El entorno, la música y esa sensación de continuar la fiesta en un escenario completamente diferente son algo difícil de sustituir.

Es, probablemente, el elemento que más se echa de menos.

Pero también es justo reconocer que, más allá de esa ausencia, todo lo demás funcionó a un nivel altísimo.

La otra pequeña pega que encontramos estuvo en el acceso al festival. Durante las primeras horas hubo largas colas para validar las entradas, algo que puede resultar especialmente incómodo cuando llegas con ganas de empezar la experiencia.

Eso sí, también hay que ponerlo en contexto: estábamos hablando del primer día y de primera hora, por lo que resulta completamente comprensible que pudieran producirse ciertos problemas de adaptación y funcionamiento.

Más allá de ese momento puntual, la experiencia general fue difícil de reprochar.

Al final, los festivales se recuerdan por mucho más que sus carteles. Se recuerdan por las personas con las que los compartes, por las sesiones que no esperabas que fueran tan buenas, por aquel momento en el que miras alrededor y piensas que estás exactamente donde quieres estar.

Y Aquasella 2026 tuvo muchos de esos momentos.

Desde la contundencia de Kobosil hasta la elegancia de Robert Hood, pasando por el Rødhåd b2b Philippa Pacho, Aerea o el cierre de Héctor Oaks, la música fue construyendo una edición que se sintió especial de principio a fin.

Puede que echemos de menos los afters en el río. Puede que las colas de entrada nos hicieran empezar con cierta paciencia.

Pero cuando llega el momento de hacer balance, esas pequeñas sombras quedan completamente eclipsadas por todo lo demás.

Aquasella 2026 fue un festival mágico. De esos que terminan y, antes incluso de llegar a casa, ya estás pensando en volver.

Y si todos los que fuimos juntos coincidimos en algo, es precisamente eso: probablemente acabábamos de vivir nuestro mejor Aquasella.

Aquasella 2027
Aquasella 2027